TEATRO

15.05.2014 20:40
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Raúl Serrano destaca las virtudes del grotesco criollo

15.05.2014

El director, especialista en autores como Bertolt Brecht y Antón Chéjov, está presentando en su sala Del Artefacto el grotesco "Giacomo", de Armando Discépolo, protagonizado por Jorge Ochoa.


"Desde que volví a la Argentina, en 1969, siempre hice teatro en una especie de diálogo con la realidad y nunca para expresarme yo o por el simple placer estético", dijo Serrano en diálogo con Télam, seguro de la vinculación entre la escena y la realidad.

Lo primero que armó en su regreso de Rumania fue "Homenaje al pie del Obelisco", que fue la primera vez que aparecieron en escena Juan Domingo y Eva Perón, seguida por "Qué lucha es la lucha de clases", con Beatriz Mosquera, en ocasión del Cordobazo.

Luego llegaron "El proceso", de Franz Kafka durante la dictadura llamada `proceso`, "La revolución es un sueño eterno", de Andrés Rivera, cuando cayó la Unión Soviética, y "La madre", de Brecht para los 25 años de Madres de Plaza de Mayo.

"Así me doy cuenta de que el teatro es un modo de comunicarme con mi entorno bastante más que un medio expresivo de mi personalidad artística -señaló-. Yo creo que fui convirtiéndome en un admirador del grotesco criollo como género que mejor expresa la realidad nuestra."

Serrano recordó que en su juventud "el autor por antonomasia era Florencio Sánchez, pero ahora he cambiado el paradigma y creo que la obra que nos define y mejor retrata es ´El organito´ y todas las de Armando Discépolo".

"`Giacomo` es una de esas obras que en los últimos 50 años nadie hizo en la Argentina, aunque yo armaba en mis clases escenas de esa obra, pero un día fue a ver actuar a Jorge "Gino" Ochoa y me manifestó lo mucho que le gustaría hacer un grotesco conmigo", expresó.

Según el director, "la obra explica por qué no se hacía, porque es demasiado prolija, desarrolla todas y cada una de las historias de cada personaje y es explicativa en vez de centrarse en la historia del protagonista, y lo que hice fue sacar todas esas historias y centrarme en él, en una adaptación que funciona muy bien".

"Yo creo que hay una cierta correspondencia profunda entre las distintas épocas con los géneros, ¿por qué hoy no existe la tragedia, por qué en ningún país del mundo se escriben tragedias?, inquirió.

Para responderse: "Porque la problemática del mundo burgués, egoísta y pequeña hace que no tengamos héroes trágicos, creo que el único héroe trágico que se me ocurre pensar es el Che Guevara, después de él ninguno".

"El grotesco, con esta mezcla de risa y de llanto a la que aspira -dijo-, es la que corresponde a esta época de absoluta falta de valores, no sabemos qué es verdad o mentira, qué es valioso o disvalioso".

Y se extendió: "El tango de Enrique Santos Discépolo, esa filosofía discepoliana intuyendo a principios del siglo XX los defectos más fundamentales de la civilización burguesa, me parece fantástica, al señalar al dinero como responsable de los males, no al capital, pero sí al dinero".

"Entonces, teniendo al actor principal y un elenco de actores jóvenes para hacerla, salió un espectáculo redondo, donde la actuación grotesca en la que el espectador no sabe si reír o llorar, hace que `Giacomo` alcance su grandeza", estimó.

Para Serrano, "el trabajo de Ochoa es de una grandeza como yo no he visto en los últimos 40 años e integra un espectáculo del cual me siento orgulloso y estoy particularmente interesado en que vengan los jurados de las distintas agrupaciones de críticos para ver su actuación, porque merece ser reconocida".

"Hacía mucho tiempo que en esta sala yo no veía gente con lágrimas en los ojos después de haber estado riendo durante la función -relató-. Yo soy un director de actores y no uno que está en busca de nuevos lenguajes."

Serrano afirmó no desacreditar ese comportamiento "y hasta es probable que esa sea la causa por la que se me ha pasado un poco el tren, pero para mí lo que ocurre en escena tiene que estar vivo, no representado, tiene que estar ocurriendo ahí mismo y eso no es tan fácil".

El director y maestro de actores acaba de editar el libro "Lo que no se dice: una teoría de la actuación", publicado por Atuel, "porque la verdadera tarea del actor no es decir el texto sino construir todo lo que no es normal y que pertenece a la situación, al personaje, a las cargas psicológicas".